El día rápidamente se fue disfumando entre los gruesos paños flotantes de la oscuridad de la noche. Había sido una jornada difícil, Anna se mantuvo en silencio, como si estuviese en otro mundo. Durante todo el día, abrazaba a Rorro aferrándolo a su pecho como queriendo proteger a su engreída mascota. Rorro, era por su parte, el unico que podía descanzar, tan innocente, sin saber que se viajaría millas de millas con Anna y Amelie buscando la tranquilidad.
Amelie ordenó sellar y clavar las ventanas y puertas de la casa para evitar el inevitable daño que le ocacionarían los futuros hechos. Paseaba nostálgicamente por las elegantes paredes, respirando el arte la decoración, deseando retroceder en el tiempo, quería imaginar que nada fuese real, y que la pesadilla que estaría a punto de estallar, que fuese una falsa.
Recordaba su niñez entre esas mismas paredes, cuando Clotilde era joven y cuidaba de ella. Podía oler los pastelillos adornados con las mas exquisitas frutas que preparaba su madre, podía escuchar la voz de su hermana mayor, quien nunca mas vio luego de que se fugó con un muchacho humilde quien no era aceptado en casa.
- ¡Oh!...mi hermana...¿qué será de ella?..la rebelde de la familia, conoció a un joven sin apellido, sin futuro...-se decía a ella misma.
Siguió caminando, guardaba sus memorables objetos en cajas de madera, miraba las figuras de cristal que adornaban el estar, y esa costosa vajilla de matrimonio finamente pincelada con rosas de oro, las fotografías su pálida y siempre arreglada madre, la ropita de bebé de Anna...eran tantos recuerdos por dejar atrás...
- ¿Clotilde?-llamó Amelie.
- Señora, ya subo-se escuchó desde la cocina.
- ¿Clotilde?-repitió con mayor fuerza Amelie.
- En seguida voy señora, en seguida voy.
Clotilde subió las escaleras torpemente tan rápido como pudo e ingresó al cuarto de la señora. Quedó boquiabierta al notar que el bellismo cuarto de finas cortinas doradas, fragancias elegantísimas, la cama ornamentada con suaves tules que caían de lo mas alto y las largas velas de vainilla; se había convertido en un depósito oscuro de cajas de madera de todos los tamaños, pero envió hablar al respecto.
-Señora, diga usted-dijo Clotilde-¿En qué la puedo servir?
- Clotilde, necesito que llame Perkins y le pida que lleve todas las cajas al sótano.-ordenó Amelie-luego que Perkins se acerque, para darle las indicaciones de lo que debe hacer con las cajas.
- Como usted ordene señora-contestó Clotilde.
La acabada Clotilde salió del cuarto hacia el área de los empleados. El área de los empleados se ubicaba en la parte posterior, cruzando el jardín de la recidencia, tenía el aspecto de una pequeña casita de campo. Ahí se encontraban las habitaciones de Perkins, quien se encargaba de la limpieza y mantenimiento de la mansión; Clotilde la vieja nana de la familia; y, Antonieta, la alegre cocinera y siempre cantante pastelera de la casa. Clotilde ingresó a la casita del jardín y encontró a Perkins arreglando las sillas de la cocina.
- Perkins-lo interrumpió-la señora Amelie lo necesita. Desea que baje unas cajas que se encuentran en su habitacion y la del señor.
- Ya voy, ya voy -respondió el renegado Perkins al dejar las sillas a medias.
- Apúrese Perkins, hay mucho por hacer hoy-comentó Clotilde
- Esta bien.-dígale que en seguida subo.-contestó Perkins.
Perkins terminó de cambiar el tapizón del puff de la sala que por meses había servido de lima de uñas de Rorro y se dirigió a la sala en donde se encontraba la señora mirando fotografías.
- Perkins, necesito que bajes las cajas que se encuentran en mi habitacion y las coloques en el sótano, acomódalas lo más escondidas que se puedan-recalcó- y si es necesario cavar y colocarlas ahi, hágalo.
- Si, señora, como usted ordene.
- Fígese que las cajas estén bien cerradas, pues luego las cubriremos con brea para evitar que sean vistas.
- Yo mismo revisaré una por una-afirmó Perkins
- Perfecto, lo dejo en sus manos.-dijo Amelie sonriendo.
- No se preocupe.
Ya era entrada la noche y Artur no llegaba a casa, Amelie estaba preocupada, no sabía si es que algo había sucedido. Amelie solía siempre preocuparse de mas por su esposo, queria ser la mujer perfecta para él, siempre estaba al tanto de su trabajo y buscaba aliviar sus preocupaciones. Pensaba en que él era su heroe, quien la cuidaba y protegía y que no quería que le pase nada a ese hombre, a ese ser tan especial, lo amaba.

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