- Despierta, niña Anna, ya es hora de ir a la escuela-dijo ama Clotilde
- Todavía es de madrugada, es muy temprano-renegó Anna, mientras se cubría con las sábanas de algodón egipcio que el distinguido señor Artur había traido de su último viaje.
- Niña Anna, despierte, la señora Amelie se va a enojar. Párese, para cambiarla.-apresuró a decir Clotilde.
- Hoy vístame de violeta, es mi color favorito-ordenó Anna, mientras se acomodaba el cabellos con sus blancos dedos.
- Niña Anna, usted siempre vistiéndose de colores oscuros, ¿por qué no elije el rosado?-sugirió la acabada Clotilde-parece una muñequita de porcelana con aquel vestido.
- El violeta está bien-suspiró Anna mientras la vestían.
Era una mañana de invierno, de esas en donde la omnipresente humedad de la nieve transpasaba los muros de la elegante residencia.
Anna aceleró su paso para ir a tomar el desayuno mientras Clotilda la perseguía para colocarle el listón en el cabello.
- Todavía es de madrugada, es muy temprano-renegó Anna, mientras se cubría con las sábanas de algodón egipcio que el distinguido señor Artur había traido de su último viaje.
- Niña Anna, despierte, la señora Amelie se va a enojar. Párese, para cambiarla.-apresuró a decir Clotilde.
- Hoy vístame de violeta, es mi color favorito-ordenó Anna, mientras se acomodaba el cabellos con sus blancos dedos.
- Niña Anna, usted siempre vistiéndose de colores oscuros, ¿por qué no elije el rosado?-sugirió la acabada Clotilde-parece una muñequita de porcelana con aquel vestido.
- El violeta está bien-suspiró Anna mientras la vestían.
Era una mañana de invierno, de esas en donde la omnipresente humedad de la nieve transpasaba los muros de la elegante residencia.
Anna aceleró su paso para ir a tomar el desayuno mientras Clotilda la perseguía para colocarle el listón en el cabello.
- Tesorito, ¿eres tú? - dijo la dulce voz de la señora Amelie
- Sí, mamá. Ya estoy bajando.-informó Anna corriendo escaleras abajo
- Tu padre y yo te estamos esperando-suspiró la señora con voz preocupada.
Anna se acercó al comedor, y pidió permiso a sus padres para sentarse. El señor Artur le concedió el permiso y Anna sonrió y se sentó suavemente.
El ambiente no era el mismo de siempre, se sentía la tensión en el aire, el rostro de Amelie inspiraba tristeza, no eran buenas noticias.
- Princesita, tu padre tiene algo importante que decirte-dijo Amelie
- Anna, como sabes, nuestro país está pasando por una situación complicada, y me han encomendando una importante misión, para lo cual me parece indispensable dejarte a ti y a tu madre en un lugar seguro.
- Papá, ¿qué es lo que está sucediendo?
- Las tropas en pocos días llegarán a estas tierras, por lo cual las enviaré lejos. Este no es un lugar para que una señorita como usted crezca-afirmó seriamente Artur.
-Pero papá-dijo Anna luego de una pausa-yo no me quiero ir a ningún lado. Quiero quedarme contigo-sollozó.
La señora Amelie abrazó con dulzura a su hija, y consoló sus lágrimas. El señor Artur, las miró con detenimiento, y simuló un bostezo para evitar que su esposa y su hija visen la lagrima que caía cuesta abajo.
- Ama Clotilde-llamó el señor Artur
La arrugada señora se saltó de la silla de la cocina en donde tomaba su desayuno, dejó el pan a medio comer, espantó al Rorro, el gato gris de Anna, e ingresó al comedor.
- Señor, ¿llamó usted?-dijo la agitada ama Clotilde.
- Si. Escúcheme bien lo que le voy a decir. Mañana por la mañana partiremos rumbo a la casa de verano. Hoy Anna no acudirá al colegio, empacarán lo mínimo e indispensable, no nos queda mucho tiempo, según me informaron ayer por la noche.
El señor Artur no habló mas, no tenía por qué darle razones a una criada. Hubo un silencio absoluto en la habitación por el resto del desayuno. Se oían los tímidos sorbos de café y a Rorro mauyando a lo lejos.
- Papá, ¿podemos llevar a Rorro?-interrumpió Anna.
- Si amorcito, lleva a tu Rorro.-dijo sonriendo Amelie - Ahora debemos ser fuertes, las dos iremos juntas, mi vida. Tu papá se irá mañana por la mañana...
- Partiré a las 5 am -interrumpió -el señor Artur-vendrá Friedman por mi.
- ¿El papá de Nicolas? - dijo Anna sorprendida.
- Si, el mismísmo.-contestó Amelie-su padre pertenece a la misma unidad que Artur.
- Bueno, ya todo está dicho, es hora que realize mis ultimas obligaciones y designe mis tareas en la base.
El señor Artur se despidió de ambas, su hija y su esposa. Mientras se alejaba, quería creer que todo era una pesadilla. Pensaba en qué sería de ellas, que debía de protegerlas, de que quería ver crecer a su pequeña.
(continuará)

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