El silencio danzaba cuidadosamente en la residencia, Artur, admiraba los retratos del extenso pasadiso camino a su habitación. Amelie, se encontraba ya con ropa para dormir leyendo al lado del fuego de la chimenea que calmaba el penetrante frío.
- Amor, ¿hablaste con Anna?-preguntó Amelie.
- Si mi vida, y le di el collar de la abuela-confesó
- Pero, ¿crees que este sea el momento apropiado? ¿no debimos esperar por lo menos hasta que cumpliese dieciséis?-dijo sorprendida. Lo puede extraviar, es muy pequeña aún.
- Lo sé, amor. -interrumpió Artur, mas quién sabe lo que sucederá, mejor no hablemos de eso, aprovechemos el tiempo recordando momentos agradables.-añadió abrazando a Amelie.
- Amor, no digas eso, hay que ser positivos-replicó Amelie aferrándose al fuerte brazo de Artur.
- Mi vida...te amo-suspiro Artur abrazando a su esposa por la cintura.
- Lo sé-respondió Amelie con una pícara sonrisita.
Amelie acercó su rostro al de Artur hasta poder sentir la tibia y acogedora respiracion de Artur, sonrió lentamente, juntaron sus labios suavemente mientras los latidos de ambos se agitaban sintonizandose con el viento.
Amelie colocó su fría mano en el pecho de tu amado acariciándolo con pasión, mientras Artur la sujetaba fuertemente, no quería soltarla nunca. El nevado cuerpo de Amelie fue calentando poco a poco hasta que ambos se fusionaron formando un solo ser, se fundieron como dos barras de chocolate al sol.
- Amor, ¿me amas?-interrumpió Amelie.
- Si amor-respondió Artur entrecortadamente entre respiraciones agitadas.
- Yo mas mi vida, yo mas...
- Ven aquí preciosa-descansemos un ratito.
- Abrázame...-pidió Amelie.
Esa noche, permanecieron abrazados, no pudieron dormir. Intercambiaron todo tipo de miradas, de miedo, de amor, de ternura, de dulzura, de ansias, de pasión... Artur miraba los ojos pardos de Amelie mientras ella se sonrojaba, esa reacción solo la podía ocasionarla él, no había nadie mas en el mundo que la haga sentir de esa manera, cuando Artut la miraba a los ojos, cuando él la miraba a los ojos, se sentía tan amada, tan querida, tan protegida, un sentimiento que tenia miedo de perder algún día.
- Amor, ¿hablaste con Anna?-preguntó Amelie.
- Si mi vida, y le di el collar de la abuela-confesó
- Pero, ¿crees que este sea el momento apropiado? ¿no debimos esperar por lo menos hasta que cumpliese dieciséis?-dijo sorprendida. Lo puede extraviar, es muy pequeña aún.
- Lo sé, amor. -interrumpió Artur, mas quién sabe lo que sucederá, mejor no hablemos de eso, aprovechemos el tiempo recordando momentos agradables.-añadió abrazando a Amelie.
- Amor, no digas eso, hay que ser positivos-replicó Amelie aferrándose al fuerte brazo de Artur.
- Mi vida...te amo-suspiro Artur abrazando a su esposa por la cintura.
- Lo sé-respondió Amelie con una pícara sonrisita.
Amelie acercó su rostro al de Artur hasta poder sentir la tibia y acogedora respiracion de Artur, sonrió lentamente, juntaron sus labios suavemente mientras los latidos de ambos se agitaban sintonizandose con el viento.
Amelie colocó su fría mano en el pecho de tu amado acariciándolo con pasión, mientras Artur la sujetaba fuertemente, no quería soltarla nunca. El nevado cuerpo de Amelie fue calentando poco a poco hasta que ambos se fusionaron formando un solo ser, se fundieron como dos barras de chocolate al sol.
- Amor, ¿me amas?-interrumpió Amelie.
- Si amor-respondió Artur entrecortadamente entre respiraciones agitadas.
- Yo mas mi vida, yo mas...
- Ven aquí preciosa-descansemos un ratito.
- Abrázame...-pidió Amelie.
Esa noche, permanecieron abrazados, no pudieron dormir. Intercambiaron todo tipo de miradas, de miedo, de amor, de ternura, de dulzura, de ansias, de pasión... Artur miraba los ojos pardos de Amelie mientras ella se sonrojaba, esa reacción solo la podía ocasionarla él, no había nadie mas en el mundo que la haga sentir de esa manera, cuando Artut la miraba a los ojos, cuando él la miraba a los ojos, se sentía tan amada, tan querida, tan protegida, un sentimiento que tenia miedo de perder algún día.
